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Los perros habrían empezado a ser domesticados en Europa hace más de 20 mil años, cuando se acercaron a los asentamientos humanos para alimentarse de las sobras de la caza y recolección, a la vez que con su presencia espantaban a otras especies depredadoras. Se inició así una relación de conveniencia entre dos especies animales: los perros tenían asegurado su alimento y los humanos contaron con la ayuda canina en la labor de caza y cuido de los clanes (más tarde, de los cultivos y rebaños).

Dicen que una sociedad se juzga por la forma como trata a los animales. Por un lado, maltratarlos es muestra de inhumanidad, pues los Homo sapiens (racionales) somos capaces de sentir dolor y de ponernos en el lugar del otro (condolernos) inclusive de las demás especies animales. Por otro lado, hemos pasado de aquella relación de conveniencia primitiva, a tratar a los perros mejor que a los seres humanos y hasta a antropomorfizarlos, es decir, proyectar en ellos cualidades o necesidades humanas que no tienen.

Antropomorfizamos a las mascotas por conveniencia. Ya no tenemos perros para que espanten especies depredadoras, sino para que devoren nuestra soledad y vacío existencial. Hay tenedores de perros que se creen sus padres y madres, los llaman “hijos”, les colocan nombres humanos, los visten, les atribuyen sentimientos de vergüenza por usar una correa rosada si se trata de un macho y hasta los llevan a spas exclusivos para mascotas.

Si es “inhumano” maltratar a un animal, no lo es menos la antropomorfización. Con frecuencia quienes tratan a sus mascotas como a humanos no pueden engendrar/concebir hijos, son solteros o viven solos. Los perros son una buena compañía, tenerlos en casa y tratarlos con cariño es respetable, pero es distinto criarlos como a humanos. Si de realizarse como padre/madre se trata ¿no será mejor adoptar un bebé de nuestra propia especie? Esto sí sería noble y acorde a nuestra naturaleza “humana”. Más aún, los creyentes deberían preguntarse por qué Abram y Saray, siendo estériles, nunca adoptaron un camello para ponerle nombre, vestirlo y llamarlo “hijo”.

Una sociedad en la que hay más activismo por los animales que por los niños abandonados y maltratados, desnudos y hambrientos, simplemente es inhumana. Es una aberración que haya perros viviendo mejor que niños y una actitud egoísta que personas prefieran “criar” (tal como hemos descrito) perros que carajitos. Es tan inmoral el padre biológico irresponsable, como quien adopta cuadrúpedos para que ocupen los lugares que podrían tener esos nenés. ¿Será que en el fondo pretenden ser “padres” sin las complicaciones de educar y cuidar de un niño?

Si asumimos que es moralmente bueno sustituir humanos por animales en la maternidad/paternidad (que son necesidades humanas), también habrá que asumirlo con la sexualidad (que es otra necesidad). Si consideramos normales una y otra cosa, entonces no debe sorprendernos que nos gobierne un burro. Estamos mal.

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