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“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Esta frase, famosa en Montalbán con algunas modificaciones, fue pronunciada por Abraham Lincoln en 1863.

He recordado esta lapidaria a propósito de una crisis que ya se ha convertido en una situación normal en todo el eje occidental y más allá: la de la escasez de agua.

Ni había cumplido yo los diez años de edad cuando en Montalbán, donde para entonces no habría 20 mil habitantes, ya se hablaba de este problema. Aún Chávez no era golpista, cuando ya nuestras familias iban a Hidrocentro a reclamar que por las tuberías lo que llegaba era aire.

También de esa época data mi desagradable experiencia de respirar el aire contaminado de Bellorín. Cada vez que iba en bus a Valencia con mi papá y pasaba por el vertedero, veía la contradicción entre lo que me enseñaban en la escuela sobre la contaminación y esa realidad tan maloliente.

Hoy, poco más de un par de décadas después, la situación solo ha empeorado. Nuestros pueblos han sido gobernados por las distintas tendencias políticas, las que solo han confesado su inutilidad pues no han sido capaces de nada importante sobre estos dos problemas que, junto al de las deficiencias del transporte público, son ya crónicos en estos lares.

¿Cómo se relaciona la frase de Lincoln con todo esto? Digámoslo así: cuando un alcalde (o cualquier otro funcionario) no gestiona soluciones a las necesidades más básicas y generales, no está ejerciendo el poder delegado por el pueblo sino adueñándose de él para su beneficio.

En este sentido, Montalbán ha tenido alcaldes de AD, Por mi Pueblo, del chavismo, y nuevamente de Por mi Pueblo, y ninguno ha tenido la voluntad (¿o capacidad?) de, al menos, preocuparse por hacer un diagnóstico técnico de las causas por las cuales no hay agua y presentar a la instancia o autoridad que sea, un plan integral para resolverlo. Si lo han hecho, al menos no ha sido público, o sea, de espaldas al pueblo, lo cual da lo mismo.

El caso del vertedero no es distinto. Ni a los pretéritos alcaldes se les prendió el bombillo, ni la kakistocracia roja vio conveniente permitir que privados instalaran una planta de procesamiento de los desechos sólidos, porque era más provechoso el negocio de alquiler de máquinas para que revolvieran la basura que respiramos.

Gobernar por y para el pueblo es: 1- Padecer, identificarse y hacer de las necesidades del pueblo la razón de ser. 2- Procurar obras y soluciones que beneficien inclusive a las generaciones futuras. 3- Ser estadista y proyectar obras a largo plazo sin que haya que perpetuarse en el poder para que se ejecuten. 4- Ser estadista y ejecutar obras dejadas por gobiernos anteriores porque lo importante es que el pueblo se beneficie. 5-Proyectar y ejecutar obras aunque al gobernante y sus jalabolas burócratas no les quede ninguna “comisión”. 6- Si no hay presupuesto, organizar al pueblo para buscar soluciones y presentarlas ante todas las instancias posibles.

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