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Vivimos en un país para cuyos políticos es más importante mantenerse en el poder a punta de atropellos y barbaridades, que la felicidad de los ciudadanos.

A pesar de lo avasallante que es la realidad venezolana, de la que puede darse cuenta cualquiera con dos dedos de frente, el hombre del bigote está convencido de nuestra imbecilidad y, justo ahora, anuncia otro plan más de recuperación económica al tiempo que designa ministro de “economía” a un tipo que dice que la inflación no existe.Solo un idiota puede, en pleno siglo XXI y en una economía global capitalista, estar convencido de semejante barbaridad, pues negar una realidad no la suprime, aunque el Banco Central tenga un año sin publicarla.

Seguro después de que este “sapientísimo” ministro opinó esto, los precios de las cebollas y los tomates bajaron, los granos ya no cuestan mil bolos y la lata de atún amaneció más barata. Ahora el sueldo mínimo sí alcanza para que una familia coma, se vista, pague servicios, medicinas y alquiler. Lo que hay que hacer es llegar al mercado, pararse frente al anaquel o hacer la cola repitiendo estas mantras: “La inflación no existe”, “La inflación es imaginaria”, “No volverán”, y, ¡suaz!, verá como la plata le alcanzará más que la quincena anterior. ¿Corrupción, expropiaciones, improductividad, dependencia de las importaciones y mal manejo de la economía? ¡Qué va!, esa vaina es puro cuento.

Pero no creo que esta estrategia sirva mucho con el caso de la inseguridad, que también resultó ser una “sensación”. Y claro que lo es, porque es percibida por los sentidos y entendida por la razón de quienes la padecen, al igual que la inflación que vacía nuestros bolsillos y cuentas en un santiamén.

Preguntémosle a las madres de los más de 27 mil venezolanos asesinados solo durante el 2015 (cifra del Observatorio Venezolano de Violencia) cómo se sienten; o a los miles, quizás millones de venezolanos, qué se siente ser atracado, secuestrado, extorsionado, etc. También preguntémosle a los padres y madres que el año recién culminado no pudieron comprarle la ropita o juguetes a sus carajitos, si la inflación no existe, o al joven trabajador qué sensación le deja trabajar para sobrevivir sin esperanza de poder formar una familia, comprar carro, casa, viajar, o sea, hacer lograr lo que tienen quienes niegan que la inflación existe.

Espero que ese “sensacionalismo” no contagie a los “líderes” de la oposición, hoy mayoría en la Asamblea. No se les olvide que los vallealtinos no somos camellos y que si nos dan la espalda, recibirán el mismo trato de nosotros.

La anterior representante de nuestros pueblos en el Hemiciclo fue célebre por su ausencia de estos lares, esperamos que el señor Ylidio recuerde quiénes votaron por él en el circuito 1 y no solo haga alharaca porque Puerto Cabello hoy no tiene el agua que por años le ha proporcionado nuestro pueblo Canoabo y la que, no obstante, nunca ha disfrutado.

Después de todo, la crisis sí es una sensación y es el pueblo el que la siente en carne propia.

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