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…dice el soberbio.

“Que sea lo que Dios quiera”,

espera el flojo.

Quien busque pruebas de la existencia de Dios,

en vano actúa,

y quien pretenda que el viento y las aves lo demuestran,

es un necio.

Muy poco se puede entender sobre ese origen de todo,

por eso es asunto de fe, de querer creer

que hay algo más allá de nuestras narices

que le pueda dar sentido al vacío

de la vida humana y la desesperación que causa

sabernos tan finitos, mortales, perecederos

frágiles e innecesarios.

Puede que el Omnipotente sea solo una idea,

una proyección de las frustraciones humanas,

un mecanismo de dominio social,

pero el espíritu, la mente,

nos impulsan a vivir a pesar de ser mortales,

a amar, a pesar de la maldad,

a buscar la luz en medio de la oscuridad,

y a buscar a Dios en medio de la nada

a la que nos arroja saber que ya un día dejaremos de ser.

Algo tiene que ser eternamente.

Solo llegar a descubrirlo, podría salvarnos de nuestras miserias.

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