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No es que pretenda que con estas líneas vaya a cambiar el sistema educativo. Solo quiero comentar algo a propósito de la Consulta Nacional por la Calidad Educativa que, desde mi experiencia como padre y ciudadano, es una repetición de citas de pedagogos y de textos legales por parte de disfraces de sabios, como también era esperable el rechazo robotizado de desinformados padres a cualquier proceso que implique cambio. Ambos están en el mismo saco.

Me atrevo a asegurar que en la mayoría de las instituciones, “las propuestas” se quedaron en que fulano suelta a los muchachos antes de la hora, que faltan pupitres, que hay que pintar la cancha, etc. Todas obligaciones que el Estado debe cumplir, sea cual sea el modelo educativo, sin que se le pida. En fin, la Consulta no es lo que debería ser: el espacio en que se hagan críticas profundas al actual y deplorable sistema educativo. Por eso, como ha sucedido durante los últimos años cada vez que se propone cambiar algo, pasará el tiempo y todo seguirá igual, o peor.

Y todo seguirá igual precisamente porque no hay una crítica profunda ni se discute sobre el cimiento sobre el que se construye y se debe construir el hecho educativo. Es decir, lo que debe ser y lo que es. El cimiento no es otro que el muchacho que queremos educar, ese ser concreto capaz de ser muy bueno y noble pero también egoísta e inclinado y al vicio, como todo ser humano.

Pero hace ya varios años se ha querido imponer una visión antofágica (del griego “antos”: flor; y “fago”: alimento) de la educación y en especial del ser humano. Los comeflor (antófagos), basados en la filosofía de la educación ilustrada, piensan que los niños y adolescentes, seres bondadosos y buenos por naturaleza, deben decidir sobre su educación. Por eso hay que aplicar el artículo 112, en la práctica cuántas veces sea necesario, hasta que logremos “que saquen lo mejor de ellos”.

Estos pedagogos antófagos, moralistas desde su nacimiento, olvidan que para los muchachos (con los cuales identifico plenamente mi niñez y adolescencia) levantarse temprano, cumplir un horario, hacer caso o respetar normas, no es tan “chévere” (es decir, agradable desde el punto de vista del placer) como los adultos les queremos hacer creer, por tanto no es algo que aprenderán si no es mediante un proceso conductista hasta que lleguen a incorporarlo a su personalidad como virtud, porque a fin de cuenta no somos muy distintos al resto de los animales que también aprenden por obligación y necesidad de adaptación, pero no por placer estético (porque les dé la gana).

Por eso es importante la disciplina y sobre todo el ejemplo y la constancia en su aplicación e infaltable sanción. El día en que se retomen las sanciones (no físicas ni degradantes, por supuesto) en los colegios y liceos, empezará a disminuir la cantidad de malandritos que con 20 años de edad promedio hoy pululan en las páginas de sucesos y que, por cierto, son producto de este modelo improvisado y antofágico de la educación.

Si algo debemos rescatar de esa vieja escuela es el respeto a las normas y repito, no hay ley sin sanción. ¿Qué no se fomentaba la reflexión? Entonces ¿cómo es que de ella salieron los mismos que hoy la critican?

¿De qué sirve toda esa paja de Paulo Freire sobre la construcción del conocimiento como acto político? ¿Y esa antofágica “pedagogía del oprimido” que debe pasar de ser pasivo a activo en la sociedad…bla,bla,bla? ¿Cómo no van a estar mal nuestro sistema educativo y nuestra sociedad con semejante pensadera en pajaritos preñados?

Ciertamente en el fondo de la discusión sobre la educación hay un debate filosófico. ¿Somos seres bondadosos por naturaleza con ideas innatas sobre los valores (Platón) o almas en blanco (la tabla lisa e Aristóteles) sobre las que la sociedad y nuestros padres escriben lo que debemos ser? La respuesta está en los hechos, en la calle, en el hombre que no persevera en un trabajo porque sus padres nunca lo obligaron a ir a la escuela, en el político ladrón al que nunca castigaron cuando tomó algo que no le pertenecía, en el policía corrupto al que nunca regañaron por dársela de vivo.

Concluiré esta primera parte diciendo que hasta la libertad, la responsabilidad y la verdad, esos valores que hoy tanto usan los docentes en sus estériles carteleras, se aprenden. La próxima semana daré mis humildes propuestas que molestarán a algunos e irán a parar a un pote de basura.

Segunda parte

Como animales racionales somos capaces de las mejores y peores acciones.

Seguimos estas consideraciones sobre la pedagogía antofágica (del griego “antos”: flor; y “fago”: alimento), que ha traído a nuestro sistema educativo a ser uno de los más deficientes del continente americano. (A quien le moleste esta consideración puede escribirme por las redes sociales y haremos un debate al respecto).

Como animales racionales somos capaces de las mejores y peores acciones. Vicio y virtud, bondad y maldad, placer y privación, son todas dicotomías presentes en el alma humana. Solo los ángeles serían absolutamente buenos y sin embargo uno de ellos sintió envidia de Dios y…tataaaaán, se convirtió en el malévolo Lucifer.

 Dicho esto, no puedo menos que invitar a los pedagogos a indagar más sobre el alma humana, pero en profundidad, no a través de libretos de Paulo Coelho. Hoy más que nunca siguen vigentes tanto el oráculo de Delfos “Conócete a ti mismo”. En la aceptación de lo que somos, tal como somos, está la posibilidad de ser cada vez más racionales (morales) y menos animales (inclinados al egoísmo por la supervivencia).

Pero a pesar de esta invitación, sé que probablemente ningún docente que lea estas líneas lo hará, de hecho sería raro si alguno está leyendo esto.

Sobre el nivel académico de muchos docentes hay mucha tela qué cortar. Y sobre quienes ocupan cargos gerenciales en nuestras escuelas, liceos y hasta universidades, estemos claros en que la mayoría lo hace por un alivio, porque sencillamente se ven superados por la actividad docente.

¿No debería ser el director de una institución uno de los mejores preparados y con más experiencia? ¿Y el coordinador pedagógico no debería al menos tener una especialización en tan importante labor.

Por eso, insisto, aunque hagan mil consultas educativas e igual número de carteleras de foamy, mientras no ordenen la casa desde dentro, el sistema empeorará.

Y no es cuestión de filiación política. Cuando de educación se trata, en el lodo del dualismo gobierno-oposición insisten revolcarse quienes intelectualmente no han pasado del kínder aunque hayan calentado un pupitre en la universidad. Solo un demente, un grandísimo jalabola o un comeflor, puede negar que en gran parte las deficiencias (desmotivación, flojera, desánimo) en la plantilla de docentes se deben a que para completar un salario más o menos digno estos deben buscar un segundo y hasta un tercer trabajo. Muchos saben que es así, pero no se atreven a reconocerlo.

Mientras en los países escandinavos, donde están los sistemas educativos más avanzados, tanto en materia de contenidos como de pedagogía, los docentes, junto a los policías y los jueces, son de los mejores pagados, aquí…bueno, hay que vender Avón.

“El sembrador salió a sembrar…” conocimiento, moral, humanidad…pero si eso no le sirve para llevar el pan a su mesa, es legítimo que deje de sembrar y empiece a hacer otras cosas, como la haría cualquier otro animal.

Última parte

“Nuestros muchachos nacieron en la aldea global”

Hay dos excesos que no se pueden cometer en la educación de los jóvenes: la alcahuetería y el exceso de rigor. Fue la forma en que Aristóteles aplicó su teoría del equilibrio moral a la educación. O sea, ni tan calvo ni con dos pelucas.

Un profesor, de los pocos que están claros en este aspecto y no tiene uno de esos posgrados tapa amarilla que están de moda, siempre me decía, durante mis años de docencia en secundaria, que los colegios se empeñan en sembrar matas y bailar “La Burriquita” mientras los muchachos de hoy andan pendientes del BlackBerry, de Internet, del fútbol y las motos.

El dilema advertido por este excolega resulta fundamental si queremos adecuar el sistema educativo a la realidad actual. La educación tiene que ser para la vida, para solucionar problemas concretos y ¿Cuáles son los problemas de nuestros muchachos hoy día? ¿A qué se enfrentarán con su título de bachiller o profesional en la mano? Es más ¿Es importante para ellos estudiar? Solo en la medida en que la pedagogía se adapte a las verdaderas necesidades del joven (que no siempre son las que él cree), lo estaremos educando. De lo contrario el Ministerio de Educación seguirá siendo un despilfarro de recursos.

Vivimos un contexto global, con problemas globales que exigen soluciones globales. Nuestros muchachos nacieron en la “aldea global”. Sin embrago la endogamia cultural que se pretende imponer es asquerosa. Ninguna sociedad evoluciona ni mucho menos sobrevive cerrándose a lo “extraño”, a lo ajeno.

Por supuesto que la identidad histórica es un ancla que permite mantener la estabilidad cultural, pero la cultura es mucho más que el joropo. Pretender mantener a los muchachos alienados con un pasado del que además solo conocemos versiones oficiales convenientes para ciertos grupos es una pérdida de tiempo.

Mientras se habla de trillados (intentos de) magnicidios, del Mundial de Fútbol de Leopoldo López, o cualquier otra fiebre criolla, el planeta es cada año un grado más caliente, se derriten los polos, el clima cambia, casi no llueve, se rompe el equilibrio ecológico, seguimos quemando combustibles fósiles generadores del calentamiento, la Opep incrementa la producción de petróleo y Venezuela es uno de los principales productores del mundo (o sea culpable, tanto como las grandes potencias, del calentamiento global). ¿Cuál mundo le vamos a heredar a nuestros hijos cuando a pesar de toda esta realidad el “debate” educativo se centra en si a Bolívar de lio teta una cubana? Hoy los problemas son tecnológicos y por tanto las soluciones deben ser tecnológicas y estas requieren abrirse al mundo, a los grandes desarrolladores, inclusive a las transnacionales.

De hecho, ahora el gobierno importará tabletas de Haití (no se ría, es en serio), volveremos a cambiar el parque de bombillos por unos de LED que se traerán de China, el “Guri” depende cada vez más de los repiques de tambores para que llueva. ¿Por qué no podemos solucionarlo nosotros? Vivimos una constante crisis tecnológica que requiere grandes soluciones. ¿Estamos preparando a nuestros muchachos para buscar soluciones a estos los problemas? ¿O cuando ellos asuman las riendas del país seguirán cambiando petróleo por alimentos?

¿Cuándo vamos a tener gobernantes abocados a solucionar problemas desde la raíz si hoy no lo educamos para ello? Les diré cuándo: cuando ya no haya petróleo para paliar las crisis.

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