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Cuando veo la realidad de los Valles Altos de Carabobo, algo sobre lo que no suelo escribir porque en ciudades tan pequeñas prácticamente todos somos familia, y lo negativo suele ser corresponsabilidad de la mayoría, no puedo evitar que a mi mente vengan términos como gueto o “apartheid”.

El primero, del italiano “ghetto”, se estrenó con el confinamiento de la comunidad judía por parte de los nazis, aunque ya se había dado desde el siglo XVI en varias ciudades europeas, en vecindarios de los que prácticamente era imposible salir y donde las condiciones de vida eran muy precarias. Los pocos recursos que llegaban eran dados por el régimen de Hitler, más para generar caos que por razones humanitarias. Los guetos eran prácticamente ciudades convertidas en cárceles en las que los judíos morían de hambre en medio de hacinamiento y peste.

Por otro lado el “apartheid” (“separación”, en lengua afrikáans) fue un régimen de segregación racial implementado por la minoría blanca en Suráfrica. Aunque menos genocida que el gueto, en este sistema los negros no podían estar en los mismos lugares que los blancos, ni ejercer cargos públicos, tampoco votar. Pobre del negro que osara enamorarse de una catira.

Ejemplos como estos ha habido y existen aún en varias partes del mundo. Pero aquí, en los Valles Altos, padecemos, sin darnos cuenta, de cierta segregación geográfica, política y hasta económica.

Nuestra situación no se compara jamás a los ejemplos anteriores y quizás estas líneas sean solo un desahogo porque estoy cansado de que Bejuma, Montalbán y Miranda no existan en el mapa mental de Carabobo.

Tuvimos un gobernador con plumas que solo venía a pedir votos. Seres de las más variadas contexturas y totalmente ajenos a nuestra cultura local nos representan en los parlamentos y legislan a espaldas nuestras.

Todos los grandes proyectos de obras en Carabobo son en realidad para Valencia: Ciudad Chávez, (medio) Metro de Valencia, el sistema de trasporte TransCarabobo solo circula en Valencia, ciudad deportiva para Magallanes y el Carabobo FC, supuesta ampliación (que igual no se ha hecho) del Aeropuerto Arturo Michelena, etc. Desde la reparación completa de la Panamericana por allá en los años 90 y la construcción del Anfiteatro de Montalbán, incluyendo las ciudadelas construidas en la década pasada, fuera de eso, en el eje occidental no se ha invertido un solo bolívar en una obra de envergadura que perdure por décadas.

Al señor Ameliach, de quien pensábamos sería más cercano que El Pollo por un supuesto vínculo con Chirgua que “mientan por esos lares”, no se le ha vuelto a ver la cara. Sabemos que el Capitolio es muy cómodo y bonito, pero el eje occidental también es Carabobo, aunque haya monte y culebra.

Parece que aquella lógica electorera utilizada por los Salas no es solo de ellos: “en el eje occidental hay pocos votos, el que gana en Valencia y Puerto Cabello gana la Gobernación”.

Estamos en Carabobo, pero ¿realmente estamos? ¿Qué porcentaje del presupuesto estadal se destina a la inversión en nuestro eje? ¿Tenemos que conformarnos con unas carreteras mal bacheadas o con tres transportes universitarios? Si somos tratados como marginales por nuestro propio gobierno estadal ¿qué quedará para el nacional?

Entre otras cosas me gustaría ver una página web de la Gobernación que rinda cuentas, centavo por centavo, porque nunca, en décadas, lo hizo. Quiero ver ese cambio. Me gustaría ver por primera vez en persona al Gobernador, para ver si existe o es un personaje de ciencia-ficción. Que venga a agarrar agua en un tobo con la señora que se levanta a las cuatro de la mañana para provechar el hilito, o vaya desde aquí para Valencia en transporte público todos los días y sienta lo que es pasar roncha no solo porque es insuficiente sino porque es vejatorio con el mal servicio que prestan y la inseguridad.

Venga también a ver las canchas y cómo entrenan los futuros jugadores de Magallanes y del Carabobo FC. Quédese aquí un mes y transite con un carrito de pobre nuestras calles y carreteras para ver si le gustan. Métase en un barrio para que se dé cuenta que lo de las cloacas no es cuento, como tampoco lo es que muchos montalbaneros, aguirreños, bejumeros, canoaberos, chirgüeños y mirandinos, siguen sintiéndose abandonados por el gobierno desde la Capital. En la práctica los Valles Altos son un gueto desde el punto de vista político-administrativo.

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