Home

En la Antigüedad, Diógenes de Sínope se hizo célebre porque con una lámpara a plena luz del día buscaba constantemente hombres honestos en las calles de Atenas. El adjetivo “cínico”, con el que calificaban a los de la escuela de Diógenes, originalmente significaba “aperrado” (con aspecto de perro) por el estado de desprendimiento material, casi de indigencia, de estos filósofos, pero también por el desenfado y quizás hasta desvergüenza con la que criticaban las costumbres sociales de la época, sobre todo del apego a los bienes materiales.

De hecho Diógenes Laercio, historiador que nos ofrece una de las pocas fuentes biográficas sobre el cínico, relata que habiéndole preguntado Alejandro Magno qué podía hacer por él, Diógenes de Sínope le respondió que se quitara porque le tapaba el sol.

Al releer estas pequeñas pero valiosas anécdotas, no puedo dejar de pensar en la vigencia de la búsqueda de Diógenes, ni en la necesidad de que un gobernante, por muy poderoso que sea, busque el consejo de los sabios del pueblo. El cínico vivía en la calles y pórticos de Atenas pero era muy respetado por sus certeras palabras.

Otra importante enseñanza de la escuela cínica, una de las derivadas del gran Sócrates, es el desprecio por las convenciones sociales que desvían la preocupación del individuo hacia la vanidad y el ascenso social en lugar de examinar lo que realmente está mal.

Hoy vemos cómo la codicia sigue siendo el móvil de las acciones humanas, en especial en la sociedad venezolana, a la que le hace falta al menos un Diógenes que sea tachado de loco porque sea capaz de señalar nuestras estupideces.

Hablando de estupideces, lo que debería ser un proceso de discusión de propuestas que beneficien a los ciudadanos, no pasa de ser una tragicomedia de vergonzosas características. Apenas comenzó el proceso de inscripciones de candidatos para las elecciones del 8 de diciembre, se desataron los demonios de los intereses más egoístas por sobre las exigencias del momento histórico y los acuerdos.

Si bien la pluralidad de pensamiento y su consecuente expresión política son saludables para la democracia, no deja de ser ruin el empeño del tropel de pseudodirigentes, de todas las tendencias políticas, en venderse como personas serias, de amplia trayectoria y rectas intenciones, a quienes deberíamos dar nuestro apoyo incondicional cuando ellos mismos pregonaban la obediencia y la unidad como valores casi divinos. Si Diógenes viviera en Venezuela, seguramente anduviese con su lámpara buscando un candidato que no haya esperado las inscripciones para pisotear la unidad que paradójicamente es más respetada por los votantes mortales que por los “líderes políticos”.

También lanzaría sus invectivas contra aquellos que sin ningún otro mérito que haber sido nombrados a dedo por “el alto mando”, muchos de ellos paracaidistas, pretenden erigirse como la solución para municipios que ni siquiera conocen.

Tampoco se salvarían los que sin ningún tipo de vergüenza, después de pésimos gobiernos, en la oscuridad favorecen intereses contrarios al partido en que militan como venganza por no haber sido abanderados a la reelección.

Entre los más bajos están los que sabiendo que no ganarían ni una elección de condominio, hacen el ridículo diciendo que encabezan las preferencias. Ni un fósforo es necesario para darse cuenta de que los que así actúan lo hacen por simple ego o porque esperan obtener un beneficio económico declinando sus candidaturas cuando se acerquen las elecciones a cambio de una buena “boloña”, contratos o privilegios. Los peores lo hacen con la intención de sabotear a otros candidatos se sus propias tendencias con evidente mayor oportunidad.

Por eso diría Diógenes que anda en busca de hombres coherentes, que es lo que más urge en esta sociedad tan hipócrita. Hombres capaces de honrar su palabra, de conservar los acuerdos y sobre todo de respetar a los votantes.

Seguramente a estos señores “de principios democráticos o revolucionarios” les molestaría un personaje tan cínico por estos lares. No obstante, les tengo un recado de Diógenes: no hace falta ser un facultado para llegar al conocimiento más básico de sus malas intenciones. El pueblo tiene una lámpara que de vez en cuando alumbra.

Anuncios

Un pensamiento en “La búsqueda del cínico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s