Home

Cuando el pensador marxista Antonio Gramsci formuló sus categorías de hegemonía y dominio para explicar el funcionamiento de los proyectos políticos desde la perspectiva de la relación entre gobernantes y gobernados, sin duda planteó la poderosa verdad de la que los procesos políticos cambian, se debilitan, lo cual ha sido rescatado por importantes autores contemporáneos como Enrique Dussel.

La importancia del planteamiento de Gramsci radica en que reconoce que la teoría marxista, y por tanto el socialismo, es inacabada, hay que completarla de acuerdo al momento histórico que se vive. El hecho en sí de plantear la contingencia del proyecto socialista implica el reconocimiento de su imperfección, como imperfecta es cualquier realidad en un mundo que no para de cambiar. Todo se puede, y debe, transformar, pero jamás llegará nada a convertirse en realidad absoluta y perfecta.

A pesar de lo aplastante, rígido y fuerte que pueda parecer un aparato político como el Estado venezolano, el Psuv o la MUD, la verdad es que la posibilidad de que estos existan se sustenta en la voluntad de los individuos concretos que padecen la realidad y les dan su apoyo.

Parafraseando a Gramsci, para que un gobierno sea legítimo, es decir, que represente las aspiraciones de los grupos mayoritarios, no debe ser solo legal, sino que debe ser hegemónico. Hegemónico significa que la gente común se sienta identificada con sus propuestas transformadoras de una realidad que aplasta y es contraria a su sentir, a sus intereses.

Para que un gobierno sea legítimo, además de hegemónico debe ser dominante, porque si no es dominante no es gobierno. Un gobierno (dominante) para sostenerse debe ser hegemónico pero sin esta última condición apenas podrá sostenerse por la fuerza, por el solo dominio y su persistencia dependerá en gran medida de la capacidad que tenga el pueblo de construir una nueva hegemonía al poder también llamado por el filósofo italiano “bloque histórico en el poder”, que no necesariamente está conformado por una sola clase social.

A la luz de estos conceptos resulta interesante ver cómo con ciertos matices desde hace un par de años ha comenzado un giro en la configuración de una nueva hegemonía en la que confluyen grupos de niveles socio-educativos-económicos, sobre todo de clase media y alta, pero cada vez más se incorporan los que eran pobres en el 98 y hoy lo siguen siendo.

Desde mediados de los 90 la hegemonía popular se sustentaba en la identificación de los sectores económicamente más deprimidos con el proyecto bolivariano (que después se convirtió en socialista) de Hugo Chávez. No obstante, con el pasar de los años lentamente ha ido mermando ese apoyo, lo cual se refleja en los resultados electorales globales. Aunque siempre han pretendido teñir de rojo el mapa nacional y presentarlo como una realidad hegemónica y dominante, la verdad es que tras cada elección el margen de diferencia de votos entre el oficialismo y la oposición ha sido cada vez menor hasta llegar al punto de las elecciones parlamentarias del 2012 en que la opción democrática obtuvo la mayoría de los votos. Este es, a nuestro entender, el punto de quiebre que significa el inicio de la construcción de una nueva hegemonía que aún no es dominante pero que sin duda llegará pronto a serlo.

Por supuesto los enormes esfuerzos del gobierno para mantener el dominio, aún sin hegemonía, han sido colosales: desde la configuración de los circuitos electorales para mantener la mayoría de diputados aún con menos votos, utilización de todos los medios del estado (que nos son del gobierno ni del Psuv) para montar su maquinaria electoral, apertura de procesos judiciales injustificados a los líderes de oposición, compra y censura de medios de comunicación, etc. Para los incrédulos basta la confesión de los que están cortados por la misma “hojilla”.

No obstante, ante los problemas de desabastecimiento, ineficiencia energética, escándalos de corrupción, obras inconclusas, la inflación más alta desde 1996, las universidades al borde de la calle, las devaluaciones, hemos visto un extraño y hasta vergonzoso giro en las estrategias del “hijo” de Chávez. Ahora se lo ve pidiendo cacao a Lorenzo Mendoza, vemos a Jaua de lo más sonriente con Jhon Kerry y a Rafael Ramírez pidiéndole prestado a las transnacionales norteamericanas, esas capitalistas salvajes de la miseria humana.

Sin lugar a duda cuando se pierde la hegemonía se apela a la fuerza o al ridículo. Ya este gobierno no es hegemónico y de paso está perdiendo el dominio. Está mientras tanto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s