Home

Cuando de medios de comunicación se trata, el equilibrio es más un principio de acción que una realidad concreta. En una sociedad tan polarizada en el aspecto como la venezolana, donde cada grupo tiene “su verdad”(o mejor sus expectativas y visión de la realidad) pensar que un medio de comunicación pueda satisfacer (en el sentido pleno de la palabra) tanto a partidarios del actual gobierno como a opositores es bastante difícil.

Quizás el problema de la credibilidad de los medios de comunicación, sobre todo de los nacionales, en grupos de opinión identificados con las líneas editoriales consideradas contrarias, radica en la falta de educación comunicativa de la audiencia.

Algunos conceptos como línea editorial, equilibrio, información, opinión, audiencia, veracidad e inmediatez son desconocidos por la mayoría o lo que es peor, los conocen pero los confunden y supeditan a la conveniencia de los proyectos políticos que apoyan.

No obstante, consideramos que la libertad debe ser el principio supremo de las políticas comunicativas del Estado, porque al tratar de regular las líneas editoriales o silenciar a los medios que comunican realidades y opiniones contrarias a los intereses del gobierno (que no es lo mismo que el Estado) se quebranta la democracia.

Eso no quiere decir que estemos en desacuerdo con las regulaciones de contenido en la industria del entretenimiento porque esta es un poderoso instrumento de aprendizaje de conductas individuales y colectivas, pero quien realmente debe ejercer el control es la audiencia, quien a partir de diversas opciones puede escoger el contenido que mejor le parezca. Es necesario distinguir el entretenimiento (novelas, concursos, películas, farándula, etc.) de la información y la opinión, porque detrás de estas dos últimas están los principios constitucionales de la veracidad y la oportunidad.

Una sociedad democrática se caracteriza por la pluralidad de pensamiento y libertad de opinión. Es necesario y saludable que existan medios para que todos puedan expresar sus puntos de vista. Lo contario a ello es ese odioso empeño en construir una “hegemonía comunicacional”, muy característica de los gobiernos totalitarios, que llaman “desequilibrio” a lo que realmente consideran inconveniente para su imagen.

Si todos los medios responden a una línea editorial impuesta por el gobierno ¿dónde se expresarán los que disienten? ¿Dónde queda la libertad de expresión? Para nadie es un secreto que el Estado maneja el 78 % de los medios de comunicación en Venezuela. Lo sorprendente es que los gobernantes siguen esgrimiendo el desequilibrio en los medios independientes y siguen tratando a todos los ciudadanos, en especial a sus propios seguidores, como seres preinteligentes incapaces de discernir la verdad de la mentira. Se empeñan en que los medios (independientes) nos envenenan la mente y nos seducen cual si fuésemos imbéciles.

Lo que muchos no advierten es que el desequilibrio se da sobre todo en los medios oficiales, por eso la baja audiencia del Sibci. Muchas personas afectas al gobierno acceden a los medios estatales para mantenerse al tanto de la gestión de gobierno pero sintonizan o leen medios identificados como opositores para enterarse de lo que realmente está pasando.

Ciertamente algunos medios como Globovisión han mantenido una posición crítica al gobierno, lo cual se refleja sobre todo en sus programas de opinión, pero la información (los acontecimientos cotidianos) es la misma que pudiera salir en VTV o Vive. Enfatizo que “pudiera”, pero no lo transmiten porque no le conviene a la revolución.

¿No es en los medios etiquetados como opositores (algunos sin serlo) donde el ciudadano común puede denunciar lo que está mal? ¿El problema es que los medios den a conocer la corrupción e ineficiencia de los políticos o que estos no practiquen lo que predican? Un medio de comunicación con verdadero compromiso social es antipoder, lo contrario lo convierte en un medio de propaganda. La verdad siempre molesta a los poderosos.

Por eso, desde la posición política que sea, un demócrata cabal no puede estar de acuerdo con que silencien medios disidentes ni que se incida sobre la línea editorial de los mismos. Al contrario hay que promover que haya más y de todas las tendencias. Hay que decir con Voltaire: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. (Voltaire). Termino con esta reflexión hecha por un perseguido del nazismo:

“Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó.

Luego se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó.

Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero, tampoco me importó.

Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual tampoco me importó.

Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó.

Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde.”

(Algunos agregan: “ya no quedaba nadie que me defendiera”).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s