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Teoria-y-practica

Por: Carlos Sánchez.

Como suele suceder en Venezuela, donde las palabras se ponen de moda sin saber lo que significan, el adjetivo “fascista” está hoy en la punta de la lengua de todo el mundo, erigiéndose como el rey de los insultos.

Ante esta novedad recordé aquello que una vez leí como una ficción hoy realizada en la “Historia de las ideas políticas” de Touchard porque se cumplió lo que dijo Churchill: hoy son fascistas los que una vez se declaraban perseguidos por los regímenes totalitarios.

El fascismo es sobre todo un movimiento político que tuvo mucha fuerza en Europa entre 1918 y 1939 y que ha inspirado dictaduras y regímenes totalitarios en todo el mundo. Benito Mussolini en Italia y Adolfo Hitler en la Alemania fueron los padres del fascismo y el nazismo, respectivamente. Su principal característica es la sumisión de la razón a la voluntad, así como el victimismo, o sea, culpar a los demás de todos los males y colocarse siempre como blanco de conspiraciones y atentados, es decir, parecer débil cuando en realidad se tiene todo el poder en las manos.

No por acusar a alguien de fascista, lo es. Justamente una característica del fascismo (del italiano “fascere”, “hacer” en castellano) es tirar la piedra, esconder la mano y acusar al otro, difamar, montar matrices de opinión, esconder la verdad. Como los CDI que fueron “quemados” o “destruidos” en todo el país o las molotov hechas de vidrio que no se rompen mostradas en la cadena de la mentira del ilustre Nicolás.

Aunque fascismo y nazismo o nacionalsocialismo no son lo mismo, concuerdan en que son movimientos políticos totalitarios. Hay que tener claro que ninguna de las dos es una ideología en sí, de hecho Mussolini escribió que “Los fascistas tenemos el valor de rechazar todas las teorías políticas tradicionales; somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas. Nos basta con tener un punto de referencia: la nación”. Por eso hay lobos disfrazados de ovejas, que justifican el 4 de febrero y la rebelión popular pero les aterra un cacerolazo o una solicitud de recuento de votos. Se dicen revolucionarios pero se aferran al poder.

Y es que al fascismo lo que le interesa es la adhesión de sus partidarios, la obediencia y la disciplina. La voluntad está por encima de la razón y por ello los principios e instituciones en el fondo no importan. Por eso el ministro de Vivienda despidió personas “sin importarle lo que diga la Ley del Trabajo”; “se le olvidó” la inclusión, la pluralidad y el secreto del voto.

Seis características

Seis características le atribuyó Carl Friedrich a ambos tipos de totalitarismo: 1. Hay una doctrina oficial que no acepta disenso. 2. Hay un partido único o hegemónico. 3. Existe un sistema de control a través de las armas o la violencia. 4. Se concentran todos o la mayoría de los medios de propaganda. 5. Concentración de los medios militares y 6. El control central y dirección de toda la economía. Aclaro que estas características fueron establecidas después de la caída de Mussolini y Hitler y antes de la revolución bolivariana. Por si no se ha dado cuenta, estimado lector, solo puede ser fascio o nazi el Estado o quien está en una posición de poder, así se haga llamar revolucionario o de izquierda.

Lo que también citó Touchard fue el carácter de “poesía de la disciplina y el orden” característico del fascismo como movimiento político: orden cerrado, arengas guerreristas, uniformes, insignias, estandartes, brazaletes e himnos caracterizan a los movimientos fascistas. Además, la incitación al conflicto o la evocación de la lucha se basan en la concepción de la guerra como una necesidad para poder imponer las propias ideas. Por eso a Nicolás se le hace imposible llamar al diálogo sin mencionar guerra, lucha, armas, calle o defensa. El fascismo es inocultable.

Así que antes de llamar “fascista” a otro asegúrese de que sea alguien que abusa del poder, que no permite que los que piensan distinto se expresen (les lanza cadenas a cada momento) y que hace de un cacerolazo un delito.

CORRECTION-VENEZUELA - CHAVEZ - DEATH - FUNERAL - CHAPEL

Carisma, totalitarismo y clasismo

Las otras tres características que Touchard atribuyó a los regímenes totalitarios como el fascismo (Italia), el nazismo (Alemania) y el estalinismo (Unión Soviética): “El jefe carismático”, el totalitarismo estatal y el racismo o clasismo.

Justamente porque esos tres movimientos políticos se fundamentan en la irracionalidad, es que necesitan un “jefe carismático” que no solo sea un líder y conduzca las estrategias, sino que él mismo sea el instrumento de cohesión del movimiento.

Ese líder no solo es el motivador de las acciones a tomar, sino que él mismo es una encarnación de los objetivos. Adquiere calificativos que lo inmortalizan y convierten en ser mítico, casi divino, indispensable para el movimiento y por ende en objeto de culto. Mussolini se hacía llamar “Il Duce” (el que guía), Hitler era “Der Führer” (el líder) e Iósif Vissariónovich Dzhugashvili cambió su nombre por “Stalin” (Hombre de acero). Esto coincide con aquello de “Comandante supremo”, “Cristo redentor de los pobres” o capilla de San Hugo Chávez.

Hay que acotar que la dependencia hipnótica de los procesos políticos a tales personas sea tal vez la causa de que una vez desaparecidos sus líderes los seguidores se reduzcan a minorías. En este sentido hay un testimonio espeluznante citado por Touchard: un militante decía que el Führer debía aparecer cada vez menos y hacerlo solo de manera apoteósica pero breve “para aumentar el misterio y el poder” sobre sus seguidores. Tanto que podría llegar el día en que tuviera que ser “sacrificado para realizar su obra”.

Dentro del Estado todo, fuera del Estado nada. Lo esencial para el fascismo es el control total del Estado sobre todos los aspectos de la sociedad, inclusive individuales. Por eso no existe la separación de poderes (esencia de la democracia) y se llega a la fórmula de “un solo gobierno” en el que jueces y diputados están subordinados y hasta deben adherirse a las fórmulas del gobierno. Esto es similar al hecho de que fiscales, magistrados, defensores del pueblo y rectores del CNE usen accesorios y griten consignas que los identifican con la tendencia política instalada en el poder. También es elocuente que Cabello haya negado el derecho de palabra a diputados opositores y hasta los hayan emboscado. Los nazis quemaron el parlamento alemán, también mataron a seis millones de judíos.

Resalta también el hecho de que para los regímenes totalitarios el Estado es anterior a la nación. La nación es el conjunto de individuos que se identifican con rasgos comunes (culturales, religiosos, raciales) mientras el Estado es la expresión institucional de la nación. En una democracia la nación es el fundamento del Estado pero para el fascismo es al contrario. La grandeza de las naciones depende del Estado y del movimiento político que impera. Para estos dictadores Italia, Alemania o la Unión Soviética no hubiesen logrado su grandeza si no fuese por ellos (que son la encarnación del Estado). Nótese hasta donde llega el personalismo.

Esto, por supuesto es falso porque las instituciones políticas, religiosas y culturales son el producto de un proceso histórico que obedece a factores incluso externos a la nación. Esto concuerda con que ahora la obra de los libertadores sea considerada incompleta e imperfecta y que la revolución bolivariana haya venido a completarla. La IV República fue peor que Babilonia, mientras que la V es la perfección. Para ellos todo el pasado fue nefasto, tanto que ahora el ilustre Nicolás diga que va hacer que “la Revolución sea eficiente” ¿Y antes qué era?

Un concepto vital para el fascismo es acentuar las diferencias sociales, raciales y religiosas. En el totalitarismo de la posguerra la tendencia era expandir el dominio italiano o establecer la supremacía de la raza alemana a en toda europa eliminando a las “razas inferiores”. Este último caso tenía una razón práctica: en medio de la crisis económica alemana, los judíos eran prósperos comerciantes que tenían una identidad religiosa y cultural propia que fueron utilizados por el Führer como chivos expiatorios por la crisis social. Los culpó públicamente e incentivó el odio de los ciudadanos no judíos.

Ya aquí sabemos aquello de que “ser rico es malo”, que los burgueses son los culpables de la pobreza y odian a los “pata en el suelo” (calificativo usado por el gobierno). Todo eso mientras Rafael Ramírez es uno de los más poderosos de  América.

Ahora le pregunto a usted, estimado lector chavista u opositor: ¿quiénes son los fascistas?

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