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“Que nuestras acciones y palabras en un futuro serán nuestros propios jueces es una verdad tan grande como una casa. Así que mucha prudencia con lo que decimos y hacemos en estos momentos difíciles para la República. Es hora de que la unidad trascienda los partidos y las ideologías. Venezuela somos todos”. Fueron las palabras que escribí en Facebook minutos después que anunciaran la muerte del presidente Chávez.

Mi postura y consejo es respetar el dolor ajeno, lo cual no es lo mismo que renunciar a las propias convicciones. Cuando se está convencido de la verdad sobre algo, al mismo tiempo se goza de una serenidad capaz de callar cuando es necesario hacerlo. Así lo hicimos la gran mayoría de quienes hemos adversado al Presidente Chávez. Muchos entendemos y practicamos que ser adversarios en política no implica ser enemigos personales, como lo dejó ver Henrique Capriles en nombre de la MUD.

Pero tampoco eludiré los comentarios irrespetuosos e inoportunos de algunos opositores, muy pocos en realidad, que se regodearon en la tristeza de los hermanos que lloraron al Presidente Chávez. Son sencillamente deplorables e inhumanos.

Sin duda Chávez ha recibido de la parte del pueblo que lo sigue las más genuinas manifestaciones de agradecimiento y admiración. Creo que por fin sus seguidores pudieron expresarse de la forma más libre sin compromisos electorales ni laborales.

Con todo lo que podamos criticar de su obra, pensamiento y verdadero legado, lo cual por respeto no haré hasta un próximo artículo, quiero resaltar la afabilidad y sencillez que sin duda caracterizaron al caudillo nacional: un excepcional echador de cuentos, de expresiones sencillas y pronto para conectarse con nosotros los “pata en el suelo” a través de las imágenes y metáforas más cotidianas: el café, los carajitos, las aventuras, el joropo, las anécdotas, etc.

Pero lamentablemente suele suceder que cuando muere un padre muy respetado en vida, su memoria es pisoteada, tergiversada y destruida al antojo de sus hijos, ante la mirada asombrada de los extraños. Tan pronto comenzó el funeral, su sucesor Nicolás Maduro y otros personeros del gobierno han convertido el velorio del respetado presidente en un macabro espectáculo.

Aprovechando el dolor de los seguidores del Presidente, se han comenzado a promocionar una serie de decisiones sin tomar en cuenta la pena de los familiares, ni la voluntad del mismo fallecido, ni las consecuencias de tomar decisiones apresuradas solo para aprovechar hacer campaña electoral sin haber terminado el duelo.

El respeto que han pedido a través de diversos medios de comunicación debería venir primero de aquellos que han desfigurado el proceso de duelo para convertirlo en lo que parece más una medición de fuerzas, de quién es el más chavista de todos, llegando a decir barbaridades propias de personas dementes.

Sin subestimar lo que parte importante del pueblo considera como beneficios que les dio el gobierno de Chávez, empezaron a proponer que se le otorgara el título de “Libertador”, denominación que, como todos sabemos, le corresponde a Simón Bolívar, y en todo caso a aquellos que lucharon por la gesta independentista. Decir que Chávez también logró o profundizó nuestra independencia ¿no es banalizar la obra de los próceres y fundadores de la República? Esgrimen la nacionalización de los sectores económicos estratégicos como argumento válido, pero eso, nos guste o no, también lo hizo Carlos Andrés Pérez en su primer mandato ¿Por eso lo nombraremos “Libertador”? También todos sabemos que nuestra economía depende de las importaciones..

Se pretende atropellar el procedimiento constitucional para que Chávez repose lo más pronto posible en el Panteón Nacional. Ya Diosdado Cabello impulsa una enmienda constitucional para lograr que sea en menos tiempo con el argumento falaz de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. La Constitución también es la voz del pueblo y él como legislador y dirigente nacional debería llamar a la racionalidad y  a la calma. Si Chávez merece estar en el panteón, debe ser una decisión pensada y no solo sentida.

Ni hablar de la campaña de Nicolás Maduro. Quizás sea su falta de preparación, o la desesperación por parecerse a su predecesor, lo que lo ha llevado a decir el disparate de que posiblemente a Chávez le han “inoculado” el cáncer. Una semana atrás dijo que enfermó por entregarse al pueblo.  Menos mal esta quimera se puede desmontar preguntándole a cualquier médico las posibilidades de que ello suceda. Sencillamente el cáncer no se transmite, ni se contagia ni se inocula. No es un virus, tampoco un veneno. ¿Cómo se irrespeta a la familia del Presidente y a miles de venezolanos que han sufrido esa penosa enfermedad con una teoría conspirativa tan burda?

Ahora decidieron embalsamarlo y dejarlo en una caja de cristal para que el pueblo lo vea “eternamente” aun cuando en sus “Cuentos del Arañero”, obra autobiográfica, Chávez manifestó: “Cuando yo muera quiero que me lleven allá, a ese pueblo que es Sabaneta de Barinas…” Ahora quedará expuesto como un espectáculo, cual estatua en un museo sin recibir cristiana sepultura.

No sé hasta qué punto el mismo pueblo chavista se dará cuenta de la manipulación. Parece que al gobierno de Maduro lo único que le importa es aprovechar el sentimiento de dolor para usarlo con beneficios electorales. Para nada están actuando con prudencia. Ya la historia lo juzgará.

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