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Foto: Afrovenezuelanmusic.com

Carlos Sánchez

Para el año 1800 la población del territorio que hoy es Venezuela estaba distribuida en los grupos
socio raciales indígenas (18.4 %), blancos (20,3 %), pardos (45 %) y negros (16,3 %).

Según estos datos aportados por Castellanos y Caballero en “La Lucha por la Igualdad” (2010), obra
sobre el papel que jugaron los pardos en la Independencia de Venezuela, la población con algún grado de afrodescendencia en la Capitanía General de Venezuela podía llegar hasta el 60 % de la población total.

Según los mismos autores, en la segunda mitad del siglo XVII apenas el 16 % pertenecía al grupo de
negros y mestizos. Si la tendencia en el proceso de miscegenación (mal llamado mestizaje) la tendencia ha sido la prevalencia del color oscuro de piel, cuyo grupo, como hemos visto, llegó conformar el 60 % de la población en el siglo XVIII ¿cómo es posible que hoy el 42,2 % de la población dice ser “blanca”? Basta con salir a la calle, a las zonas populares, que concentran la mayor cantidad de población del país, para darse cuenta de que esos datos no se ajustan a la realidad.

Por supuesto, a diferencia de la Colonia, donde la pertenencia a una casta era determinada por cómo el individuo era apreciado por los demás, hoy en el censo los grupos raciales están determinados por la autopercepción (cómo se ve cada quién a sí mismo), y este es el foco de un tema tabú que suele ignorarse pero está latente: el racismo en Venezuela.

No es raro que nuestras madres aconsejen a sus hijos a que “mejoren la raza”. Es también frecuente
quejarnos porque nos “negrearon” o de que “trabajamos como negros pa‟ vivir como blancos”. Hay un odioso chiste que dice “Un blanco con bata es un doctor, un negro con bata es un chichero”. Es fácil escuchar la expresión “piaso „e negro”, pero inexistente “piaso „e catire”.

Lo triste del caso es que es un problema de autoreconocimiento o de autoestima racial, por decirlo de otra forma. Muchas personas morenas desconocen su herencia cultural. Esta especia de vergüenza no es extraña, tampoco lo es la altivez con que todavía algunas personas de piel blanca se expresan hacia los de otras razas. Aunque la educación oficial ha estado orientada hacia el reconocimiento y respeto de otras culturas y de las personas que son diferentes a uno, la inmovilidad social sigue teniendo un fundamento racial, por lo que en gran medida el acceso a la riqueza material está determinada por la pertenencia a un grupo social, generalmente de piel blanca. En el insconsciente sigue vigente la sociedad colonial de castas, y a pesar del mestizaje, los grupos sociales siguen determinándose por su color de piel. El negro es pobre (por eso no quiere reconocer que es negro, apenas un 0,7 lo hace), el blanco es rico (por eso no quiere mezclarse con el negro). Quiero resaltar que hablo de conductas inconcientes, de patrones culturales, no actitudes sistemáticas e intencionales.

A mí, Dios me bendijo con la piel morena, herencia de quienes a fuerza de trabajo forjaron la riqueza
de otros, sembradores de cacao y música, prototipos de la humanidad y la fe. Me enorgullece tener sangre negra.

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