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Carlos SánchezImagen

Cada fin de año escolar recuerdo con nostalgia mi época de liceísta, momento de compartir con los panas, echar una partida de básquet, flirtear con las muchachas y por supuesto de estudiar.

La etapa del liceo está signada por la socialización. A pesar de que las hormonas y los cambios físicos y conductuales de esa edad nos convierten en seres impulsivos, la verdad es que en ella aprendemos el sentido de pertenencia a nuestro grupo: nuestro grado, nuestra sección y nuestro liceo; siempre nuestros, nunca dejarán de serlo. Quizás no haya para nosotros y lo que en el futuro seremos, nada más importante que haber cambiado la camisa blanca por la azul, y esta por la beige. ¡Qué momento más emocionante ese en el que llegamos a quinto año! Rodeados de amigos, de profesores (los “calidad” y los no tan buenos), con un camino andado, con logros y fracasos, felicitaciones y regaños de los profes y de nuestros representantes en algunos casos.

Por eso quiero que tú, que hoy te gradúas, reflexiones sobre estas palabras.

En tu recuerdo permanecerán momentos agradables y desagradables: los exámenes que raspaste, los regaños del profe, el “fatidioso” canto del Himno, las veces que viste clase con el estómago vacío, la dificultad para concentrarte en los estudios por los problemas que tenías en casa y que nadie entendía…, pero también los juegos en la cancha, las rumbitas con los panas, la camisa rayada, aquellos exámenes difíciles que pasaste, la vez que sacaste más nota que el cerebrito del salón, los consejos de aquel profesor pana (que ahora es que nos van a servir), el apoyo de tus amigos cuando estuviste en dificultades, el primer amor, el primer beso…

Es necesario que traslades al corazón estos recuerdos que hoy están en tu mente y que reflexiones sobre ellos, los sientas parte de tu vida, porque se avecinan cambios serios e importantes. 

Ahora el closet será el lugar de la camisa beige. Y si bien los recuerdos no mueren, en el pasado quedará el liceo. Es momento de vestir la camisa que te toque vestir: ya no estarás con tu sección ni con tu grupito. Te enfrentarás a nuevas y más complejas realidades de las cuales saldrás fortalecido solo si estás dispuesto a cambiar lo que en tu personalidad sabes que no está bien: la soberbia, la flojera, la irresponsabilidad y la inmadurez. Cada vez menos tendrás a mamá fastidiándote para estudiar, y al profe regañándote por tus “mentepolladas”.

Con un título de bachiller el futuro está en tus manos pero no está hecho aún. El siguiente paso es terminar de dejar de ser niño para convertirte en adulto. Esto significa que ya no tendrás quien responda por ti, sino que deberás responder por ti mismo y por los que en un futuro no muy lejano tendrás bajo tu responsabilidad: pareja, hijos, empleados.  

Termina de vivir tu juventud con responsabilidad: disfruta, comparte y celebra pero toma en cuenta que ya no estarás en la seguridad del liceo y quizás tampoco estarás en casa. Fuera de las paredes de esa institución que quizás alguna vez odiaste las cosas no son tan fáciles. Aunque siempre tendrás quien te apoye, ya no habrá quien te empuje. Ahora comienza la carrera y es momento de demostrar cuán capaz eres de lograr las cosas por ti mismo. Ese es el examen para que el que te tienes que preparar bien y tienes que aprobar porque muy pocas veces tiene reparación.

¡Felicidades bachiller!

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