Home

Por: Carlos SánchezImagen

Con una elección presidencial cada vez más cerca no dejo de pensar en ese importante concepto tan abusado por doquier: la opinión.

Y cuando digo abusado, no quiero decir que haya que opinar menos, sino que suele confundirse con el conocimiento. De esta confusión deriva la intransigencia, ya que cada quién asume lo que piensa (opina), mas no lo conoce, como una verdad absoluta. Esto sucede hablando de posturas religiosas, políticas, económicas, deportivas y hasta científicas.

Es conocido que los venezolanos nos caracterizamos por ser opinadores febriles y vehementes, sabemos de cualquier tema y hasta nos creemos con autoridad a la hora de hacer afirmaciones categóricas.

Aristóteles hoy estuviera preso por genocida al tener que enfrentarse con esta confusión posmoderna en la que todo el mundo “sabe”, pero nadie diferencia entre la doxa (opinión) y la episteme (conocimiento). Esos griegos atrasados eran mucho más listos en esta materia: para ellos la opinión era un conocimiento superficial, mientras que el conocimiento epistémico era más profundo, elaborado, analizado. De hecho, para los antiguos (Sócrates, Platón y el mismo Aristóteles) la opinión tenía una connotación negativa porque era la forma de conocimiento propia de los necios (así llamaban a los ignorantes).

El panorama se pone más oscuro para la opinión en la Modernidad. Thomas Hobbes, teórico de la política, concluyó que las acciones humanas siempre se desprenden de las opiniones, y que estas tenían un origen inconsciente, es decir, no son razonadas, lo cual coincide con la teoría de los antiguos que relacionaba la opinión con la necedad.

También afirmó que la opinión es un lugar común de la sociedad, es decir, que una sociedad o la mayoría de ella actúa a partir de una opinión (creencia no razonada) y la utiliza como justificación de esas mismas acciones.

Por eso no es raro hoy que algunos tengan, sin razones, tan mala opinión sobre Henrique Capriles o sobre Nicolás Maduro. A pesar de que ninguno ha ejercido el cargo que aspira, sus detractores ya los estigmatizan por una opinión infundada. En rigor, nadie debería objetar de ellos sino sus posturas ideológicas, mas no sus capacidades para ejercer el cargo que aspiran, ya que nos interesa es alguien que resuelva lo que los actuales gobernantes no han podido solucionar.

En cambio, hay razones más que suficientes para no solo “opinar” si tienen discurso o no, si es oligarca o no, si habla con la verdad o no , sino para afirmar categóricamente, con “conocimiento” de causa, si Chávez, El Pollo, o los alcaldes del eje occidental han cumplido las promesas que hace varios años hicieron.

El principal enemigo de un gobernante es el tiempo, pues a medida que pasa representa el pasado y queda en evidencia su incompetencia. Los candidatos nuevos tienen en contra la opinión (que nos siempre se sustenta en hechos reales) que los gobernantes forjan a fuerza de dinero y manipulación mediática.

Dejemos de actuar movidos por la opinión inconsciente que arrastra a las masas ignorantes y empecemos a analizar nuestras posturas ante la vida. Seguro nos daremos cuenta de cuán manipulados hemos sido por amigos, políticos, artistas, religiosos y hasta por familiares. Busquemos el conocimiento, huyamos de la opinión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s