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Por Carlos SánchezImagen

Después de analizar la semana pasada el concepto de opinión como forma de conocimiento superficial no basado en el análisis de la experiencia y la relación que tiene con las preferencias políticas, no dejo de pensar en los motivos que algunas personas que estimo siguen esgrimiendo como “razones” (que no son tales) para justificar su apoyo al proceso político dominante en Venezuela.

Más allá de la capacidad de llenar la barriga y dar techo a un sector de la población, “prodigio” que en su momento también hicieron adecos y copeyanos, la verdad es que a nivel macro, la transformación de la sociedad que los venezolanos esperábamos en 1998 sigue siendo materia pendiente.

No recuerdo que entonces se hablara de socialismo. Sí esperábamos una refundación de la República sobre cimientos humanistas y profundamente democráticos, en donde la participación popular y las reivindicaciones no satisfechas y acumuladas por décadas tuviesen un espacio. Ese proyecto tuvo en el proceso constituyente de 1999 su punta de lanza, y fue apoyado masivamente, inclusive por muchos que hoy son “contrarrevolucionarios”.

No obstante, el actual Presidente de la República, pasado el tiempo, dio giros inesperados y hasta contrarios a la expectativa de la mayoría. Las medidas populistas que ha empleado elección tras elección fueron las mismas de la IV República, y su promesa de una transformación social, de una verdadera revolución, se la llevó el viento. ¿Qué tiene de revolucionario construir casas? En honor a la verdad el departamento de Malariología edificó muchas, tantas que quizás usted esté leyendo este artículo sentado en el porche de una vivienda rural. ¿Qué de extraordinario tiene hacer un CDI? Todavía los hospitales y medicaturas que construyó el General Pérez Jiménez siguen en pié y atienden a la mayoría de la población. ¿No siguen siendo la “Herrera Toro”, el “Miguel Marín” y el “Arturo Michelena” las instituciones educativas más emblemáticas? ¿No fue en el gobierno del viejo Salas que arreglaron la Panamericana de punta a punta? ¿Quién no recuerda la beca escolar de CAP, la leche escolar, el Lactovisoy, los uniformes, los útiles escolares y el bolso timbrado con el logo ME? Como estos casos, pudiera enumerar muchos más, mientras sigue irrealizada la concreción de una sociedad más justa.

Justicia no es quitarle al que tiene para darle al que no, eso es vandalismo. En el olvido quedó aquella promesa de un Chávez que se reunía con empresarios (en su primera campaña, por supuesto) y prometía un sistema en que la producción de riquezas estaría en manos de los privados, con la regulación del Estado. Promesas muy parecidas hace hoy el candidato que le adversa e irónicamente es satirizado y llamado “majunche”: por prometer lo que Chávez anunció en 1998 y no ha cumplido en 14 años.

Como suelo sustentar mis posturas en razones reales y no en fanatismos infundados, los invito a mirar en este enlace http://bit.ly/NfIhhR una entrevista de aquel Chávez democrático, respetuoso y dialogador que sedujo la opinión de muchos, entre los que me incluyo, pero que hoy el tiempo ha convertido en un boomerang. Por esas palabras, mis queridos amigos, que ojalá puedan escuchar en el video, es que por más que busco razones para ser chavista, no las encuentro.

Concluyo con unas palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia verdadera”. Si hoy vivimos en zozobra, inseguros y con violencia es porque vivimos en una sociedad profundamente injusta…después de 14 años.

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