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Prof. Carlos SánchezImagen

Según algunas teorías, la evolución es un proceso natural en la existencia. Si bien el evolucionismo no puede explicar en rigor el origen del mundo, al menos sí intenta hacerlo con su historia y desarrollo.

Augusto Comte, pensador francés del siglo XIX, fue el padre del pensamiento positivista y acuñó el término “sociología” a esa ciencia que estudia la estructura de la sociedad como realidad particular que cambia (evoluciona).

La influencia que el empirismo científico (conocimiento a través de los sentidos) del siglo XIX y el racionalismo, entre otras corrientes de pensamiento, tuvieron sobre Comte, le llevó a plantear que las sociedades evolucionan desde un “estadio teológico” (creencias basadas en la religión) hacia uno “metafísico” en el que empieza a plantearse temas abstractos como la moral, el ser, y otros, pero que siguen siendo creencias, para llegar al estadio superior y definitivo: el “positivo”, en el que la ciencia y sus demostraciones (basadas en la experiencia) son la única fuente de conocimiento. Vale aclarar que en filosofía, positivo no significa “pensar que todo va a salir bien”, sino algo acordado por todos y aceptado como verdad (como las leyes jurídicas o las científicas).

Si Comte hubiese vivido en los Valles Altos de Carabobo, su teoría positivista habría tomado otro curso. Quizás esa Ley de los Tres Estadios explicaría los cambios sociales como una involución (retroceso) y no como la evolución optimista.

“¿Por qué involución?” Se preguntará usted. Basándonos en la experiencia sensible, método muy utilizado por el positivismo, usted podrá concordar conmigo en que cada vez menos los conductores (de motos y autos) utilizan el freno pero más el acelerador, es decir, ha habido una desmejora en la seguridad de los transeúntes. Así sea para ir de una cuadra a otra desarrollan velocidades innecesarias que ponen en riego a los peatones y desgastan la vida útil del vehículo.

En otra época se frenaba antes de llegar a la esquina, ahora los “pilotos” frenan (no siempre) después que han cruzado la calle sin ver para los lados, y eso si les tocan la corneta: “Dele, que el golpe avisa”, en lugar de “no cruces sin antes ver hacia los lados”. En otros tiempos, la culpa de un choque la tenía el que cometía la imprudencia, ahora la tiene el más pendejo que no se impone con violencia.

Nuestros padres y abuelos nos enseñaban y obligaban a pedir disculpas a los mayores cuando les faltábamos el respeto, en esta era “de adelantos” los padres incitan a sus “siempre pequeños” hijos a no responder por sus actos y a actuar con violencia cuando alguien se los exige: “¡No se deje joder mijo!”.

Otrora el ruido era dañino para la salud mental y auditiva, pero se ha convertido en símbolo de distinción: motos que vienen con escapes silenciosos y buena línea se convierten en verdaderas porquerías ambulantes.

Alguna vez las aceras fueron vías peatonales, ahora son “centros comerciales” intransitables donde ilegalmente se vende la imitación de todo lo que podamos imaginar.

¿No es todo esto un atraso? ¿Para qué sirven internet, las redes sociales, la televisión por cable, los sistemas satelitales, los teléfonos inteligentes, las tablets, la proliferación de las motos, la educación, la capacitación, la “democratización de las universidades” y demás adelantos, si cada vez se hace más difícil convivir.

Como sociedad estamos involucionando y como especie nos estamos animalizando. 

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